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​“Y así siempre. Los malos somos siempre los mismos. Los mismos que vamos domingo a domingo, ya sea en Primera, en Segunda o en Segunda B, para animar a los nuestros. Nos vamos cabreados cuando perdemos y salimos felices como nunca cuando ganamos. Y seguiremos así”.

​Este es el mensaje que he recibido esta tarde en Twitter de un abonado del Rayo Vallecano. Lo traigo a la cabeza de este texto porque creo que mezcla las diferentes posturas de los hinchas del Rayo. Es simple, sincero y sin dobleces. Y enlaza muy bien con lo primero que me gustaría compartir antes de seguir avanzando en este artículo. Lo siguiente.

​Me parece legítima y respetable cualquier postura del aficionado respecto a la campaña de abonos. Y en mi humilde opinión considero que sería bueno que todos pensaran así, que cada uno de vosotros hicierais todo lo posible para entender la postura del otro, sea cual sea la postura y sea quien sea el otro. El respeto es básico. Hay gente que vive la franja roja a diario, que canaliza ese sentimiento a través de colectivos, de programas de radio, de información sobre fichajes y bajas, de iniciativas o incluso de un reducido número de acciones. Pero también hay otras personas para las que el Rayo supone simplemente acudir cada quince días al santuario del fútbol de barrio para disfrutar de 95 minutos de juego. No tienen tiempo para más o no les apetece salir de ese zona de confort de su pasión. Como bien me apunta un buen amigo, la mayoría de la gente acude al fútbol no para ir a la guerra, sino para olvidarse de sus problemas cotidianos.

​La herida social del Rayo no tiene solución, así lo veo yo y así se lo transmito, cafés, cervezas o viandas mediantes, a esos rayistas que forman parte de mi vida. Porque es una situación viciada, porque hace mucho tiempo que entró en el terreno de lo personal y porque lo que se rompió, se rompió de manera tan severa, que repararlo es una labor imposible. De la gestión de Raúl Martín Presa, los que me conocéis y/o me habéis leído por estos lares, sabéis cuál es mi opinión. Ponerla en negro sobre blanco me ha causado bastantes problemas profesionales, pero lo volvería a hacer, siempre con argumentos y respeto, porque las convicciones periodísticas y personales deben ser sagradas. Pero también pienso que el rayismo activo (qué concepto más complejo y disperso) ha de ser más homogéneo para convencer a los indecisos, pasotas o poco comprometidos.

​Con respeto y desde fuera, me gustaría compartir con vosotros que es incomprensible que haya:

1) Una Federación de Peñas en la que hay unas peñas y otras no y entran unas peñas y otras salen.
2) Una Plataforma ADRV.
3) Una Asociación de Pequeños Accionistas.

Entiendo perfectamente que todos estos colectivos nacieron por algo, pero quizá ese algo se ha ido dispersando o transformando hasta convertir el escenario en un galimatías. Muchos de mis compañeros y yo mismo, que estamos metidos en el meollo, a veces nos perdemos. Pero el periodismo no tiene mucha importancia en esto. Los importantes son los rayistas. Y muchísimos de ellos no tienen ni idea de para qué sirve cada colectivo, de quiénes lo conforman ni de cuáles son sus iniciativas y actividades. Esa es la realidad  que yo percibo.

​Si el rayismo activo quiere hacer llegar su mensaje, lo primero que han de hacer es buscar la homogeneidad. Encontrar a enlaces (personas) libres de obsesiones y desgastes, que sean capaces de trasladar sus mensajes a los rayistas menos involucrados. Esto es para mí infinitamente más trascendente que los insultos o los hashtag que por repetitivos pierden calado. El órdago lanzado anoche, llamando al boicot de los abonos, podría ser un punto de inflexión si se sujetara en el tiempo a base de convicción. Que miles de hinchas del Rayo Vallecano no entraran al Rayo – Mirandés del día 17 de agosto convencidos de que eso es una protesta pacífica porque les duele su club. Que miles de hinchas soltaran sus 50/60 euros para abonarse solo al equipo femenino. Muy fácil decirlo y escribirlo. Muy difícil que la mayoría lo lleven a la práctica.

​Raúl Martín Presa no se va a ir. Hay compradores solventes, pero no se va a ir. Tampoco se irá si el Rayo baja a Segunda B. Es difícil saber qué piensa realmente él de todo esto, pero es evidente que se siente cómodo y convencido de no estar equivocado, aunque vaya en sentido contrario por una autopista de cuatro carriles. Tampoco nadie ha sido capaz de hacerle reflexionar. La batalla social está enquistada y eso no va a cambiar porque la cuerda se rompió por mil sitios y en dos mil pedazos. Es un callejón que no ofrece salida. El desgaste es brutal. El único atisbo de solución sería resetear la computadora no para comenzar de cero, sino para que el impacto y la credibilidad del mensaje mutaran. Y eso, hoy, no es más que una quimera.

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