CARLOS SÁNCHEZ BLAS | La lotería de los penaltis

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En el mismo cajón de tópicos que “El fútbol es así”, “En el campo son once contra once” o “No hay rival pequeño”, podemos ubicar la recurrente frase “Los penaltis son una lotería”. Pues no, los penaltis no son una lotería. No lo son. Ni de broma. Ni de coña. Qué no. Y lo que más me llama la atención es que el propio Jan Oblak, de profesión portero, y posiblemente el número 1 del planeta en su puesto, utilizara tras la final de la Supercopa esa maldita palabra: lotería.

Lotería puede ser que este que escribe, un día por error, enchufe un triple de espaldas desde la mitad de la cancha. Eso es lotería y ciencia ficción. Pero una tanda de penaltis nunca puede formar parte del terreno de la lotería. Cuentan muchísimas variables ajenas a la suerte o a la diosa fortuna. Por un lado: el estudio del rival, la ubicación de los pies del guardavallas, el golpeo del lanzador o la técnica del portero tras elegir el lado al que tirarse. Por otro: los nervios de los actores, el lenguaje gestual, la capacidad de intimidación del cancerbero, que agiganta aún más su figura a ojos del temeroso lanzador, la sangre fría para aguantar el chut hasta el final o simplemente la virtud de no acojonarse vivo con 60000 personas abucheándote y agitando sus brazos en la grada. ¿Cómo puede llamarse lotería a todo esto, por favor?

Oblak tiene un problema con las tandas de penaltis. No solo por no detener ni uno solo de los nueve penales que le ha lanzado el Madrid, sino porque no los adivina. Y porque en la última velada celebrada en Yeda transmitió muchas peores sensaciones que su homólogo en el arco rival, Courtois. No negocia bien las tandas cuando ha demostrado que en un partido de fútbol es capaz de detener un alto porcentaje de las penas máximas que recibe. Deberá trabajar en ello, tanto técnica como emocionalmente. Y eso le convertirá en aún mejor portero.

Podemos acudir a la palabra suerte cuando un penalti se estrella en el palo en vez de besar las mallas, porque eso es cuestión de milímetros. Incluso en esta coyuntura los puristas antepondrían la precisión a la fortuna, aunque yo me desmarco de ese fundamentalismo. Pero es evidente que lo de la lotería de los penaltis es una milonga. De hecho una tanda se comienza a ganar en el sorteo, ya que casi siempre acaba triunfando el equipo que engatilla primero. Por eso resulta asombroso que a este nivel haya capitanes que elijan lanzar en segundo turno. Eso sí que es entrar de lleno en el terreno de la lotería… y de la locura

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