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Para la primera pregunta no tengo respuesta. Ni yo ni nadie, aunque supongo que los expertos manejarán con prudencia una horquilla de fechas. Para la segunda tampoco tengo respuesta, pero lo que sí puedo ofrecer en las siguientes líneas es una opinión bastante formada tras unos cuantos días de reflexión. Lo quiero compartir con vosotros.

Lo más justo sería finalizar esta temporada. A corto plazo resulta inviable, incluso si abrimos la ventana del verano para salir a ese mencionado cortoplacismo. Las temperaturas del estío no son cómplices de esa reanudación, a no ser que se jugara muy pronto o muy tarde. Por lo que, teniendo en cuenta que resta un cuarto de Liga y que en la Champions aún hay eliminatorias de octavos por dilucidar, los indicadores apuntan al inevitable solapamiento de las temporadas.

Hay que acabar esta. Tebas ha afirmado que aunque se cancele el torneo, habrá descensos. Eso es una barbaridad. Igual que lo sería proclamar un campeón, definir los puestos europeos o ascender a tres clubes desde el fútbol de plata. ¿Por qué? Podría decir que simplemente porque la competición no ha terminado, pero voy a ir más allá para apuntar con el dardo en el 50 de la diana. Porque es completamente injusto modificar durante el desarrollo de un campeonato las normas establecidas previamente. Hacerlo cuando afecta directamente a los méritos y deméritos es una tropelía.

La Liga en Primera son 38 jornadas, todos contra todos, a ida y vuelta. Y cuando los futbolistas salieron a jugar en agosto el primer partido, lo hicieron conocedores de unas normas. Los que buscan ser campeones, los que desean la Champions o los que anhelan no descender. Todos. Cambiar esas normas sobre la marcha sería un disparo en la sien de la base del deporte, que es competir. Por eso defiendo que lo mejor es finalizar esta temporada cuando se pueda, aunque eso signifique modificar o incluso cancelar el siguiente curso. Al menos esa hipotética modificación supondría que todos los vehículos conocieran las nuevas y excepcionales normas antes de arrancar el motor.

Este argumento vale también para la Copa de Europa, aunque aquí sí creo que existe la licencia del matiz. Si la salud pública obliga a una sede neutral sin hinchas en las gradas, plantearía la opción de jugar cuartos y semifinales a partido único, tras completar las cuatro series de octavos aún pendientes. Finalizar esta Champions cuando haya garantías sanitarias y modificar excepcionalmente la Liga de Campeones 2020-21.

Cancelar es injusto. Valga como muestra el caso del Utrecht en la Liga neerlandesa. Está a 3 puntos de Europa con un partido menos y la diferencia de goles ganada. No jugará competiciones europeas la próxima temporada. A nadie se le escapa que decidir en esta insólita situación es muy difícil y que esas decisiones siempre van a acarrear injusticias, pero la opción menos dañina es llegar a la meta, y más cuando ya se han recorrido tres cuartas partes del sendero.

Mis argumentos no son económicos, eso se lo dejo a los que tienen que defender su negocio. Son razones deportivas porque aunque muchas veces se nos olvide, en el fútbol de élite, tras un tronco y unas ramas interminables llenos de dinero y espectáculo, hay una raíz que se llama competir. Esta temporada debe concluir para conocer al campeón, a los equipos que juegan la Champions, a los que sellan su pasaporte para la Europa League, a los que descienden a Segunda y a los que se abrazan a la gloria del ascenso.

Del papel del futbolista profesional, del hincha y del fútbol más modesto hablaremos en una próxima entrega.

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2 COMENTARIOS

  1. Podías poner una foto de esta temporada. Ninguno de los dos está en sus equipos, Vaya tela, así parece una noticia antigua

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